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Prensa Foro Ermua

Iñaki Ezkerra dirigirá en Laredo un curso sobre "España como concepto progresista"

Iñaki Ezkerra

El escritor vasco y miembro fundador del Foro Ermua Iñaki Ezkerra dirigirá en Laredo del 13 al 17 de agosto y dentro del marco de las actividades de la Universidad de Cantabria un curso titulado 3España como concepto progresista2 en el cual participarán personalidades como el ex dirigente comunista Julio Anguita, el sociólogo Amando de Miguel, el filósofo Gustavo Bueno, el profesor Francisco Sosa Wagner y su hijo Igor Sosa Mayor, la vicepresidenta del Foro Ermua Inma Castilla de Cortázar, el antropólogo Mikel Azurmendi, el historiador Jesús Laínz y artículista catalán Xavier Pericai.
Introducción al curso
A menudo se presenta en el actual debate político más superficial pero también más mediático, populista y extendido el concepto de España como indiscutiblemente reaccionario y ligado al régimen franquista. Sin embargo, el franquismo es un período corto de la Historia de España en lo referente a este concepto que ha estado unido a un proyecto progresista desde la Constitución liberal de 1812 hasta la Segunda República. El propio liberalismo español no podría entenderse sin la idea de España como nación y como Estado.

Explicar ese hecho es el primer objetivo del curso, situar la idea de España en el contexto de la Ilustración, del liberalismo y de todo el desarrollo de la izquierda hasta llegar a nuestros días, ofrecer e interpretar una documentación en la que estarían contempladas desde las figuras y obras básicas del pensamiento político hasta las clásicas y más recientes referencias históricas, filosóficas y literarias.

Otro de los aspectos a tratar en el curso es el de la unidad de la nación española. ¿Hay una amenaza real de división de nuestra nación? ¿Estaremos incurriendo en el catastrofismo del que nos acusan los nacionalistas, que han sido por otra parte y curiosamente los catastrofistas por excelencia pues todas sus reclamaciones se formulan desde el alarmista e injustificado miedo a perder hoy sus señas de identidad como su pureza sanguínea ayer? ¿Qué es catastrofismo y qué no pasa de ser sensatez o un elemental instinto de conservación del sistema de libertades alcanzado con la realización de la nación española? Responder a estas preguntas y señalar las causas del descrédito del concepto de España son otros de los objetivos del curso así como plantear la legitimidad de la reivindicación de la unidad nacional.

Defender esa idea democrática, la unidad de España, la igualdad y la solidaridad de todos los españoles –tan democrática como que sobre ella se asienta nuestro propio orden de libertades– es hoy un asombroso motivo de descalificación y persecución en el País Vasco. Además de los que son capaces de asesinar están los que acosan y tergiversan, los que identifican infantilmente a España y a quien se siente a gusto en ella con el fascismo o el franquismo. Esto es, aparte de moneda común en los medios sociales y los de comunicación controlados por el nacionalismo, un ridículo despropósito porque España es el proyecto en el que ya estamos instalados mal que les pese a los nacionalistas y eso equivaldría a decir que hoy vivimos en un régimen semejante al de Mussolini o al de Franco. De tanto que se usan gratuitamente las palabras franquista y fascista se han devaluado y han perdido en la práctica su verdadero significado. De este modo, una de las metas inevitables del curso es también explicar cómo puede existir un espacio cívico e ideológico de defensa de la unidad de España sin incurrir en la perversión franquista ni en la nacionalista siquiera, teorizar ampliamente sobre el mismo espacio en el que se movieron Azaña, Prieto, Unamuno, Ortega o Giner de los Ríos, sobre la España que cantaron y nombraron sin complejos Cernuda y Blas de Otero así como los tres poetas del martirio: Hernández, Lorca y Machado, sobre ese mismo espacio que generó o regeneró la Transición y que es el que acota no Franco sino las Cortes de Cádiz. La unidad de España está antes profundamente ligada a toda nuestra tradición progresista que a una Dictadura que por mucha unidad que proclamara no sólo dividió España sino también a los españoles.

Otro de los objetivos del curso es explicar cómo no es preciso ser nacionalista para asumir como propia una nación que ya está hecha. Hay que serlo para crear otra sin necesidad. El hecho de que la nación nos haya venido ya regalada desde que nacemos nos permite librarnos de esa lacra que es siempre el nacionalismo "venga de donde venga". No hay que ser nacionalista español para ver en los nacionalismos vasco y catalán lo que son: unos sujetos que te regalan lo que ya tienes –Euskadi y Cataluña– para quitarte del todo o a medias Alicante o Andalucía, o sea una encantadora y moderna nación europea, a cambio de nada. No hay que ser nacionalista español para rehusar oferta tan poco sugerente y entender los nacionalismos periféricos como una renuncia gratuita e innecesaria. Finalmente, otro punto que está en el programa del curso es la reivindicación de la artificialidad de la nación española como idea progresista pues implica que en ello ha intervenido la voluntad individual y colectiva al margen y por encima incluso de la herencia. Hasta el propio individuo es una construcción artificial. Pero éste, para definirse en plenitud, no se afirma en lo referente al cuerpo social y en la asepsia de sus derechos. Un individuo es más que sus derechos. Y así también una comunidad nacional es más que su Constitución, más que su pacto cívico. La Constitución de 1978 responde a una refundación de España. Pero ese fenómeno refundacional y tan necesario tras la noche de la dictadura franquista, no puede quedarse en un pacto aséptico, en un conjunto frío de normas. Ese texto tiene una vida, unos valores. A ese constitucionalismo formal debemos añadirle nuestra propia carga afectiva y sentimental.

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